Ecologías de la prohibición: Plantas, territorios y producción de ilegalidad
Hace más de una década comencé a recorrer distintos
territorios rurales de Chihuahua motivada por preguntas que, en aquel momento,
poco tenían que ver con prohibiciones. Inicialmente, mi interés de
investigación era sobre procesos de construcción de calidades de bebidas
destiladas en Chihuahua. En el acercamiento a las plantas con las que se hacen
estas bebidas, empecé a encontrarme de manera recurrente con otras presencias
vegetales que aparecían en conversaciones, historias familiares,
transformaciones territoriales y silencios incómodos: la marihuana y la
amapola.
Desde entonces he ido atravesando diferentes tensiones
asociadas a la inseguridad que conlleva transitar ciertos territorios marcados
por el estigma del clandestinaje. Sin embargo, estas experiencias me han
permitido cuestionar las narrativas dominantes que reducen estos espacios a
escenarios de violencia y criminalidad.

Como mujer norteña acostumbrada a caminar estos y
otros territorios, a escuchar las historias de pobladores, no puedo asumir una
visión simplista sobre las personas vinculadas a las economías prohibidas. En
cambio, he podido observar que detrás de las trayectorias de criminalidad existen
historias atravesadas por el clasismo, el racismo, la marginación histórica y
decisiones políticas tomadas en lugares muy alejados a las comunidades donde se
viven las consecuencias.
No pasó desapercibido para mí que la producción
artesanal de alcohol fue objeto de persecución durante buena parte del siglo XX
hasta los primeros años del XXI, y que muchas veces los operativos contra el
alcohol y cultivos ilegales recayeron sobre las mismas personas. La comparación
entre estas historias prohibitivas germinó una pregunta que gradualmente se
convirtió en un nuevo eje reflexivo: ¿qué hace que ciertas plantas sean
consideradas peligrosas? ¿qué procesos sociales convierten determinados
paisajes productivos en espacios legítimos mientras otros son objeto de
vigilancia, castigo y estigma?

Estas preguntas tomaron fuerza al observar que la
mariguana, la amapola y el alcohol ubicados en contextos empresariales e
industriales pueden adquirir fama y prestigio. Tomando esto en cuenta, la prohibición
pierde fuerza como una estrategia dirigida a la erradicación de determinadas
plantas o prácticas productivas, pero toma relevancia como mecanismo de
clasificación social y territorial. Más allá de perseguir cultivos o prácticas
productivas, las prohibiciones han operado sobre expresiones bioculturales
situadas en espacios históricamente construidos como periféricos, atrasados,
indómitos o incompletamente integrados al proyecto estatal.
Más allá de su estatus jurídico, los cultivos de
marihuana y amapola, y también la producción artesanal de alcohol en
México, son expresiones bioculturales que forman parte de procesos ecológicos,
relaciones de poder, economías rurales y disputas morales, que a final de
cuentas determinan cuáles formas de vidas importan y cuáles no.

La criminalidad, entonces, no surge del cultivo de
especies vegetales, ni de su circulación, ni en las técnicas de su
transformación, sino en las formas en que ciertos territorios y sus habitantes
han sido inscritos dentro de geografías morales que los colocan bajo sospecha
permanente y justifican distintas formas de violencia, intervención, vigilancia
y control.
Esta perspectiva permite comprender por qué la
marihuana, la amapola y el alcohol pueden adquirir significados radicalmente
distintos cuando son producidas en otros contextos geográficos, económicos y
políticos específicos. En ciertos territorios rurales estas plantas y
actividades productivas son asociadas a la ilegalidad, violencia o atraso;
mientras que en espacios industriales, corporativos o internacionales son
resignificadas como patrimonios gastronómicos, atractivos turísticos, recursos médicos
o innovaciones científicas.

Estas diferencias ponen de manifiesto que los
regímenes de prohibición más allá de actuar sobre sustancias o especies
vegetales están dirigidas a las relaciones sociales que las rodean. En
consecuencia, lo que se encuentra en disputa son las relaciones sociales,
saberes y vínculos con el territorio que el Estado y otros actores hegemónicos
han situado en posiciones diferenciadas dentro del orden moral y político.
Para clarificar esto, en los siguientes textos expondré
cómo la mariguana, la amapola y el alcohol producidas en otros espacios
(internacionales e industriales) adquieren nuevas categorías en donde se les
vincula al turismo, a la gastronomía gourmet y la ciencia médica, evidenciando
que las prohibiciones no tienen que ver únicamente con las plantas y sus
procesos de transformación, sino con los grupos humanos que las cosechan y el
status moral que el Estado ha construido sobre ellos.

Aquí inicio una serie de textos que plantea un
análisis y varias interrogantes sobre procesos sociales que inciden en la
creación de las ecologías de la prohibición en México. Esta propuesta
conceptual refiere al conjunto de discursos, prácticas institucionales y
regímenes de intervención mediante los cuales el Estado y otros actores de
poder producen territorios, especies vegetales, actividades productivas y
poblaciones rurales como objetos de vigilancia y persecución.
La elección del concepto Ecologías de la
prohibición responde a una reflexión sobre la dimensión relacional y
constructiva de los entornos naturales en los que transcurre la vida social, es
decir las relaciones humanas con otros agentes vivos y no vivos del ambiente.
Desde su etimología griega, ecología remite a la articulación entre oikos
(hogar, morada) y logos (conocimiento, estudio), permitiendo pensar el
entorno como el resultado de procesos históricos, materiales y simbólicos que
configuran aquello que reconocemos como hogar. Así, la categoría de ecología
permite destacar las condiciones sociales, políticas y culturales mediante las
cuales se producen los entornos naturales. En este sentido, hablar de ecologías
de la prohibición permite comprender las consecuencias de los regímenes de
criminalización sobre determinados territorios y analizar cómo éstos participan
en la reorganización de las relaciones entre personas, plantas, economías y
paisajes, modelando formas específicas de habitar, percibir y transformar el
mundo.

Las ecologías de la prohibición son paisajes
producidos por la prohibición que expresan procesos de criminalización capaces
de reconfigurar tanto los espacios rurales como las formas de vida que los
habitan. Surgen cuando el Estado traduce complejas relaciones entre personas,
plantas y territorios en problemas de seguridad, justificando intervenciones
que van desde la erradicación de cultivos, la militarización, hasta la
legitimación de la muerte sobre personas pertenecientes a ciertos grupos.
Desde esta perspectiva, la marihuana, la amapola y la
producción de alcohol artesanal permiten observar un horizonte histórico en que
se aprecian las fronteras construidas entre la legalidad e ilegalidad y la civilización
y el atraso. Fronteras que han transformado las economías rurales, las
ecologías y las posibilidades de futuro para quienes viven en los márgenes del
Estado.

Para cerrar esta
introducción, esta propuesta responde a dos motivaciones fundamentales. Por un
lado, busca aportar herramientas para comprender los procesos sociales y
políticos que han prohibido y criminalizado ciertas relaciones entre humanos,
plantas y territorios, particularmente en regiones históricamente situadas en
los márgenes de los proyectos hegemónicos de la nación “moderna”. Por otro lado,
pretende contribuir a la formulación de horizontes políticos que favorezcan
políticas públicas más sensibles a la diversidad biocultural tan basta de los
territorios mexicanos.
Esta apuesta parte de la premisa de que toda acción
estatal descansa sobre formas humanas de valorar la vida, ordenar la naturaleza
y regular las relaciones sociales. Por ello, examinar críticamente estas
valoraciones nos permitirá imaginar alternativas más justas para los mundos
humanos y no humanos que habitan estos territorios.
(Las ilustraciones aquí expuestas son fotografías que
fueron sometidas a modificaciones con Gemini IA para mantener un parcial anonimato
de las personas y los lugares)
Referencias
Appadurai, A. (Ed.). (1991). La vida social de las
cosas: Perspectiva cultural de las mercancías. Grijalbo.
Armendáriz Romero, Vladimir. 2013. La tiranía de la virtud: Las campañas
antialcohólicas en la ciudad de Chihuahua (1920-1940) [Tesis de licenciatura en historia]. Universidad
Autónoma de Chihuahua, Chihuahua, Chihuahua.
Das, V., & Poole, D. (Eds.). (2008). El Estado
y sus márgenes. Etnografías comparadas. Cuadernos de Antropología Social,
27, 19-52. (Si utilizas específicamente el capítulo introductorio "El
Estado y sus márgenes", conviene citar el capítulo y no sólo el libro
colectivo).
Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica:
Curso en el Collège de France (1978-1979). Fondo de Cultura Económica.
Graeber, D. (2018). Hacia una teoría antropológica
del valor: La falsa moneda de nuestros sueños. Fondo de Cultura Económica.
Latour, B. (2008). Reensamblar lo social: Una
introducción a la teoría del actor-red. Manantial.
Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Melusina.
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