La inmoralidad del moral
Por Faridy Bujaidar Hace cuatro meses regresé a vivir la cotidianidad chihuahuense y tuve la oportunidad de presenciar el inicio de la primavera. En mis andares de calle en calle observé como empezaban a crecer pequeñísimos racimos en los árboles de moras, evento que despertó mi memoria y me hizo sentir inquieta. Recordé que los adultos decían que las moras tienen bichitos y gusanos, por eso no hay que comerlas, pero ¿no todos los frutos tienen bichos? Llegué a escuchar que eran comestibles después de la tercera lluvia, pero casi siempre se caían al piso antes de ver llegar a las lluvias; pensaba ¿por qué esperar a las lluvias? ¿tienen un efecto mágico que las purifica y las vuelve dignas? Pese a los regaños muchos las comimos entre nuestros juegos de infancia, lavadas o sin lavar y terminábamos morados. Algunos vecinos cortaban los morales de sus casas porque manchaban el piso; también recuerdo lo absurdo que me parecía todo esto: si recolectaran las moras no habría manchas en el ...